Será aquí mi humedad, mi idiolecto, mi lengua húmeda. Nuestra humedad, el español, la lengua nuestra.
La Humedad, la lengua toda, el músculo de lo humano, peregrinaje de babas:

toda ella, la lengua, soporte de nuestra humanidad, húmeda mortandad, toda ella, imperecedera: la Lengua Húmeda.

Despertar

Sorbo balbuceante la última gota
como cítricos púas que en la gargante pillan
o flor de azahar que en la lengua florece,
ahí en el encuentro de oníricas amibas
cuando hinchados los ojos cejijuntas las pupilas
tímidos hacen de la luz su destino
y espinas de olor con madrugada etérea
renacen por doquier en los rastros de las hadas.

El olfato se vuela en el apóstrofe tráqueo
cetáceas se enlapan las pieles que destilan
pulpídeos tentando con soplos las fauces
naranja estertórea, se embriagan turbina.
La sal de un silbido que ebulle sin tacto
resina deseca el cogote y los dientes
resaca neblina, los brazos confusos
se envuelven pastosas las voces ausentes
perfumes de hechizo, recuerdos campestres
naranja silvestre claudica en los labios
la insana cariátide en la enjuta comisura
que tentada a despertar reverdece una mirada
y encuentra un naranjo de muslos y anteojos
que apenas despegan al caer la vigilia.

Encomienda

Morrison horrizon horizonte
a tí encomiendo la poesía maldita
porque has nacido en invierno
y sólo en la sangre y la pasión
hierven las almas maldecidas
a vivir en la gloria del insano.

Morrison son sin marinero
presta tu nave a la palabra nueva
surca las aguas de estos sueños húmedos
cálidos como el olor de un labio
dispuesto a morderse las costras
justo antes de caer en el verso.

A tí la sierpe del arado en tinta
a tí la voz que entona el llanto
a tí este rezo de palabra herida
a tí los puños al sangrar en blanco
a tí el disparo de mi verbo oscuro
a tí en la fiebre sin espinas canto.

Morrison mórbido rocinante
ven cabalga el corcel vagabundo
que errante en el cristal del rascacielo
arroja su estampida en el concreto
y en la letra encuentra su guarida
miedo que ha encontrado recoveco.

Morrison tórrido relámpago
flecha un abismo en mi costilla izquierda
rízame erízame al tomar el arma
la jeringa tinta que en las hojas siembra
granos que en mi silo de caverna henchida
buscan ser fermento en los sudores del escriba.

A tí las almas que sin tierra gritan
a tí al morir cuando se pare encanto
a tí la bruma de la voz abierta
a tí sonoro el aguerrido pulso
en tí se inspira la palabra dicha
a tí, en el vientre el entonado canto.

ALí I

Naciste en día de catástrofe, amiga
para morir catástrofe en tí
tras haber cimbrado el cismo con tus pasos.
Ataraxia en tus labios epicúrea
fuiste voz templazan en tu tragedia
arete en el pezón, ensimismados chinos
llevabas en tu ritmo cuello altivo
medusa que temblaban roca a tu llegada los oídos
gorgorna de la vida alegre que impregnabas
con tus muslos los poros de las piedras.
!Contigo yo quería zurcar el alma de los hombres!
Contigo el oleaje, la marea sabiduría
la lúdica aventura de un cuestionamiento
plasmado en un verso al tronar los dedos.

Ay los versos que te oí decir desde el omóplato
tus odas paganas, tu ética introvertida
estilo felino del barrio y la academia
vertido en tus labios era bálsamo nihilista.

Y ahora tú, sueño apagado, descansas bajo flores
tu aroma difunto contradice los recuersdos
de tí que eras fuerza de vagina y sabio
que aun bailando agotabas las sentencias
la locura mansa, muerte a tí
catastrófica te regaló la vida.

Ribéte

Persiguen tus ojos mi rumbo aliento
en el destino
ribéte en mis horas en los versos.
¿Qué haces aquí cuando ya me he ido?
Ahora en mi gata tus ojos alumbran un recuerdo,
la portada de tu libro en mi librero
donde asoma tu congestionado garfio
tus párpados buhónicos que caen al caer la noche
en mis ojos,
que brillaron al graznar mi cuervo en tí
gallo altivo que perfumas con las manos de tu infancia.

¿Qué día es hoy?
Narrativa de un ocaso
día diecinueve más cien que cuando nacimos
los atros temieron
y una fuga danzó en tus pupilas al saber mi nombre
y suponer
que todo esto era un hado intoxicado
que nos vimos sin saber
y no sabemos
qué de hay de mi astucia con tu cresta:
Lo olvidamos definir al pactar el último atisbo
Ribéte.
Devuelve mi mirada
haz de mi memoria un olvido sincopado
recuérdame que huimos la emprendida
y nos condujo al epicentro de un tormento en agonía.
¿Por qué no estás ahora entre mis muslos
si hechizaste mi vertiente enredadera
mucho antes de quemar tus huellas
en mis ojos,
—las llagas de tus pasos que nos guiaron
al profeta del aliento divino—?
Humó, Ribete, Mantra
Ribete como enigma fugitivo
te concilio al despertar de las cenizas
que en mis manos
guarda aún el abismo de tus ojos.

Gélido

Temparo seré como la muerte cuando se aproxima octubre.
Libra de mi ser cuando en las noches me dentento límite
y al despertar,
se apaga lento la tentativa de haber navegado el Leteo.
Quizá resuelva por el frío porque nunca he muerto,
quizá sean los sueños los que mueren
y renacen sordos,
huellas tácitas de la renuncia,
hielo comisura que ha logrado amar y por lo pronto
busca aún en los recuerdos la noción de un beso
notas de un calor que ausencia nota helada
gélida presencia de una nota allende cálida.

Desprendimiento délfico

Periférico en mí
soy anillo de mi centro extinto
no hay lugar que se llame mi nombre
ni horizontes que en mi piel detenten senderos.

Ya es instante en que el devenir
domina los trazos que mi ser escribe
quizá sea que el futuro se conforma invisible
quizá que el presente es un sistema irreprochable.

Aún así se enciende incómoda
la chispa que busca el incendio trascendente
la mecha que anhela ser pabilo que en su trama
preserve un pasado que ha dictado nudos
y a la vez
consuma el tejido que dirá la historia.

Sin embargo no habrá fuegos que presuman origen
no hogueras paganas que se escindan del cosmos;
arderá solamente el carbón que he prendido
y danzarán las estelas de esta llama anónima
mi luego ceniza que sin causa ni efecto
fundida en las brasas, cubrirá mi recuerdo en las calderas.

Influenza

A la influenza con reservas

Peste de miedo en la ciudad: vamos a pensarlo un poco.
Un estornudo inspiró la cuestión de muerte o de vida,
a causa de duda mucosa sobre lo de antaño,
escurridiza e incómoda como el tosco gesto
de enfermarse sano por alguna sugestión del alma.

Achú así empezó una miríada de síntomas
preguntas, claves de fa en la ventana
como una sinfonía que impela a dormir
y entonces ofrece el actuar, irresponsablemente.

Hace ya diez lunas que el germen se avecina:
escribe insensatos murales en la playa
pero el mar no arrecia ni lame sus signos.
Como un palimpsesto sonoro un canto recita
y anarco en su trazo a la gramática española
se evanescen las deudas con el orbe:
ahí aparece un inconforme estrépito
sin llanto ni verbo que pueda toserse.

Justo ahí se afilan entonces, las dagas y las sogas,
anónimas recetas de fármacos homónimos
alquimias de modernos ambiciosos de enfermarnos
porque basta siempre un estornudo para que grite y grita el miedo
el miedo de no fingir el miedo, de nunca morirse.

Precisamente por ello la inmortalidad es divina
y sólo puede procurar que se muestre la muerte.
quien ha domado en el canto el estilo del deseo.
Entonces cesa el estertor de la pandemia del melodrama,
entonces la muerte se viste de gala, prende un tabaco
y vive su continuidad en el aliento del pagano.

Y esto no se trata de dios porque él ya se fue;
nos ha dejado el cuerpo para amar un poco
desgastarnos lento y enfermarnos elegantes
con cánceres y fiebres, sofisticados por la historia.
Aunque hay también gripas y pestes y roncos pechos irritados,
y hay inspiración en un sentido muy lato,
y asfixia trágica en el diario
y el asma contagiosa del prejuicio.

!Ay, pero podría pensarse que se trata entonces de un concepto,
un resfriado del alma y el abandono divino,
una virtud, un tejido de versos inconexos,
esto de no enfermarse de la sugestión,
como un castillo de copos y estrellas geométricamente visibles!
!Que se trata sólo un gérmen, una peste que se incuba en la ceguera
en el flaco pulmón de quien no respira hondo y se marchita!

y si no es así,
¿Por qué no mataron los años la vista de los inválidos de oídos?
¿Por qué gritan muerte y tememos su morada?
Dentro nuestro también habita el germen de los aires,
dentro nuestro la muerte ya ha cantado el destino
y todo sigue, con peste o sin peste,
con peste de oídos o peste de ojos,
con cuerpo y sin él
arrecia una ráfaga con muerte e influenza,
y sigue meneando su cola el destino.

Progreso

Si bien soy parte de la historia,
símil del estado que ha nacido
de un proceso de coitos incesantes
nunca me pretendo simio con razón
mucho menos cúspide
de una montaña perfectible,
cima que me paso viviendo
sin conciencia alguna de que en mi arrabal
soy menos nudo que hebra en una soga,
soga que mis manos hacen mundo
manos que prestadas no son mías
renta de una técnica de siglos y yo,
que me asumo no simio
pero humano, en estas líneas.

Porque hay también la dignidad de la conquista
fruto de miles que murieron sin saberlo
sin ser para que fuera yo narrante de un presente
cuya imagen es memoria de los muertos
que me soy,
que procuro entonces erigir monumento
que glorie al menos al primero que tomó una pluma
a aquél que la tomó antes que yo convencido
de que alguien más reivindicaría la renuncia
a un mundo estático sin huella
huella que ha sido que tomo y que huelo,
observo, y reconozco a un hermano
lo que quizo que viera y lo que no fue voluntario,
el trazo de un presente que me hace menos bestia
la bestia que trazó su huella queriendo ser humano.

Esta palabra no es mía

Corre en mi mano la sangre que corre en mi verso
letra por letra me inscribo en el goce cantando
hoy la palabra no es mía es la pública ofrenda
ritmo instalado en mis labios,
desnuda, posesa
soy un mechero en el habla
ocote en la hoguera.
Prende un cerillo y soy loro
ave de lengua amaestrada
pico en la mímesis suelta
un espejo sonoro
de vida enverbada.

Esto es cosecha del verbo, tejido en la historia
letra forjada por manos y plumas de barro
esta es el habla del diario, el trino del pueblo
esta palabra no es mía,
es de todos, es vuestra
y hoy sin recelo la canto
cual pública ofrenda.
Frases talladas de luto
flores de voces humanas
la voz de los niños,
la voz de los padres
la vida enverbada.

Hoy sólo soy portadora de un fruto de siglos
es una herencia de himnos, la lucha del hombre
hay en mi canto el trabajo de cientos de esclavos
obra del hambre que habla
austera, indignada
rezo esperanza en los labios
justicia labrada.
Prende este verbo en tu oído
eco de arrullos y rabia
esta palabra no es mía
es aullido susurro
de vida enverbada.

Esta palabra no es mía
es la pública ofrenda
del hombre en el habla.

Reír

Quisiera ser luna menguante
ser bizca en los ojos de mi drama interno
tenerlo bajo sienes ligero, entre los dientes
mi estrépito deseo de acaecerme entre risas
la locura de mi adusto cuestionar
la respuesta que no existe y mi ironía
agua fría,
balde en balde de tanto esperar.
Sobre todo cuando el cielo escupe ranas
y las flores como lianas se me enredan en los pies
me detengo en seco la sombra y canto un himno
de revez,
ancas de sapo despejo mi mente
y en un brinco me atrevo al prejucio
de reir,
liberando mi anhelo de orden
tormenta que esconde mi miedo a sufrir:
el sol pega un rayo transeunte cercano
loco se aleja, loco de susto
por tremenda carcajada y mira al suelo,
apenas salta una linda margarita
y yo en un estatismo
que parece que hay un dios que me mira.
Y en efecto un demonio me ha obsequiado una cosquilla
mental o sensible, qué se yo de dedos cósmicos,
silente, hermosa prórroga del habla,
surge altiva en la otra orilla
otra rosa que también es liana
se entabla,
el combate entre la vida y mi alma
lo absurdo se postra, mi lenguaje musita
un terror alabanza, la garganta
se entibia, fluye un aire
vientre gaita, y más allá del habla
entre el cielo y el concreto
centro erigo, una risa distinta
a la de ayer hace una hora
cuando una negra mariposa,
y yo que había soñado muerte,
se ahogó en la fuente de la plaza
ay destino clemente,
que la ví
exhalando un aire de burbujas
me reí diez veces en mis pasos
y hoy me muero mariposa
justamente por reír.